"La conquista del trópico
Exploradores y botánicos en el Ecuador del sigo XIX"
Presentación del libro de Fernando Hidalgo Nistri

20 de abril de 2017, 19h00
Auditorio Menor del cuarto piso

La Pontificia Universidad Católica del Ecuador, su Centro Cultural y el Centro de Publicaciones, se complacen en invitar a la presentación del libro "La conquista del trópico, exploradores y botánicos en el Ecuador del siglo XIX" de Fernando Hidalgo Nistri, el día jueves 20 de abril a las 19h00 en el Auditorio Menor del cuarto piso del Centro Cultural PUCE.

Reproducimos la presentación de esta obra, escrita por el Dr. Hugo Navarrete Z., profesor de la Escuela de Ciencias Biológicas de la PUCE

La importancia de la información histórica 


Con el paso del tiempo la información que quedó plasmada en los documentos que recogen los hechos históricos sufre una transformación abismal. En primera instancia la historia reciente no reviste, al parecer, mucha importancia, debido a que prácticamente todos los hechos se hallan en la memoria colectiva, de manera que no reviste gran novedad para los lectores. A medida que pasa el tiempo, esta memoria cobra mayor y mayor valor... 

Con lo expuesto anteriormente, podemos decir que los documentos de William Jameson, Aloisio (Luis) Sodiro y Jules Rèmy, que componen esta obra, se constituyen en sí mismos en una fuente profusa de información variada que cubre algunos ámbitos del saber, que va desde las descripciones de situaciones de la vida diaria con anécdotas personales, de los autores y sus acompañantes, hasta detalladas descripciones de diversos aspectos de la cultura, de los paisajes y peculiaridades de un sinnúmero de especies de plantas y animales que viven en el Ecuador. 

Escudriñando un poco más en los documentos, encontramos singulares descripciones extremadamente detalladas y valiosas sobre la historia natural del Ecuador. Por ejemplo, en la crónica del viaje de Jameson al río Napo, él menciona: “a las doce llegamos a un punto llamado Guila donde encontramos una choza habitada por una sola familia cuya ocupación era la fabricación de artesas y tazones grandes de madera para los mercados de Quito”, haciendo clara referencia a las famosas bateas talladas en madera de Aliso, que hasta la actualidad se venden en los mercados de esta ciudad, así podemos colegir que esta actividad tiene por lo menos ciento cincuenta años (con seguridad se remonta muchos más) y que de igual forma que ahora vive el pueblo de Oyachachi de esta actividad, otras comunidades lo hicieron en el pasado.

De igual forma se menciona el pueblo de Baeza, de cual se dice “ llegamos a Baeza, que son tres chozas en medio de la selva y habitada por indios. Se recogieron algunas orquídeas (nuevas para mí)”. Jameson, a lo largo de sus escritos prolíficamente describe la diversidad botánica, y hace alusión a las especies que eran nuevas o desconocidas por él; estas referencias ha sido, en muchos casos, de suma importancia para identificar especies y especímenes que se hallan en los herbarios. También cabe resaltar la prolijidad de las referencias a las colecciones botánicas hechas por Jameson que incluye en sus escritos, estas se hallan mencionadas con números puestos entre paréntesis. 

Datos curiosos como el que hace Jameson sobre la caña de azúcar “La caña de azúcar alcanza gran tamaño, pero no es utilizada como en los países civilizados para la preparación de azúcar, ron o melaza” o “Los indios comen todo tipo de menudencias. Mientras yo preparaba la piel de las aves que había capturado en la selva, estos salvajes se apropiaron de las carnes más blandas y las devoraron”, nos hacen remontar en el tiempo y también brindan luces sobre los conceptos de desarrollo y civilización, que quizá no han cambiado mucho en más de un siglo y medio.

Como se mencionó anteriormente, las descripciones del paisaje y su flora son muy bien logradas, que de alguna manera nos permiten transportarnos a ese lugar, en una de estas Rèmy describe algunas de plantas que encuentra en su ascenso al volcán Pichincha: “... encontramos una Lobelacea de flores rosadas, un Liláceo elegante y otros Monocotilos, un Labiatifloro de bellísimo color azul, Arabis, Helechos, un Gnafalio y otras compuestas; Escrofularias de flores amarillas, un Efedro, un Bacharis de ramas aplastadas por la disposición de las hojas que se hallan sobrepuestas”.

La peripecias y dificultades no están ausentes de los relatos, y van desde situaciones triviales a casos donde la vida estaba en peligro, dos de los más decidores los reproduzco a continuación: “La mitad de los indios que llevaban mi equipaje habían huyeron durante la noche a Archidona mientras que otro, en quien tenía mucha confianza, tiró mi colección de plantas e insectos y se fue en la dirección opuesta, con el ridículo pretexto de que —me lo dijo después— iba a acompañar a un cura católico ignorante recientemente nombrado para oficiar en una parroquia de la provincia”, este pasaje describe lo importante que era para Jameson sus colecciones de la flora y fauna ecuatoriana y también podemos inferir lo difícil que era viajar en esas épocas y menciona: “ya no podía seguir esperando a los indios y poner en riesgo mis colecciones...”

Leer estas notas, nos transportan en el tiempo, y sin duda que para un naturalista, biólogo o historiador son fascinantes. Pero sin temor a equivocarme, el mayor valor de estos documentos radica en que sentaron las bases para la comprensión y posterior desarrollo de las ciencias naturales en el Ecuador. La contribución hecha por los tres autores que abarca esta obra, y por muchos otros, constituyen el pilar fundamental de lo que después se desarolló en los centros de investigación de las universidades ecuatorianas, entre ellos tenemos los museos de la Escuela Politécnica Nacional, el Herbario de la Universidad Central, el Herbario del Padre Luis Sodiro, cuyas colecciones son el testimonio de que lo descrito por sus científicos y expedicionarios en sus relatos, y sin duda representan vívidamente la realidad de esas épocas. 

Pienso que aún falta mucho por explotar estos grandes yacimientos de información que constituyen las notas de viaje y las colecciones históricas con que cuenta nuestro país. Sin lugar la información habrá que organizarla y poner en formato actual, la fitogreografía descrita es fascinante, se podría pensar que con dedicación se podría reconstruir y describir con mucha precisión el cómo se veía el paisaje de esa época. Además, contrastando la información histórica con los datos actuales sobre el clima, el paisaje y su vegetación, podríamos entender mejor los cambios y las presiones a los cuales los ecosistemas ecuatorianos han sido sometidos por acción del ser humano. 

Finalmente, el remitirse a la historia que se halla en estos documentos, siempre nos dará una visión en perspectiva de cómo ha evolucionado el pensamiento, la cultura y la ciencia en nuestro país.

 

 

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