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Presentación de libro

Jueves 2 de febrero de 2012
Lugar: Auditorio Menor, 18h00

Palabras introductorias
Humboldt y la Emancipación de Hispanoamérica


Manuel Corrales Pascual S.J.
Rector de la PU
CE

El bicentenario de la emancipación hispanoamericana es, sin duda, un acontecimiento que tenemos que celebrar, y celebrar jubilosamente. El Estado, las diversas instituciones y asociaciones, y cada uno de los ciudadanos, han de participar en tal celebración. Y cada una de esas instituciones, asociaciones, y cada uno de nosotros, ha de hacerlo según su propia entidad y función en la comunidad total. Por supuesto que la Universidad también ha de celebrar este jubiloso acontecimiento. Y ha de hacerlo -al igual que las otras instituciones y asociaciones de ciudadanos- de acuerdo con su propia entidad y función.

Al inaugurar este simposio sobre Alexander von Humboldt y la Emancipación Hispanoamericana, me pregunto cómo ha de celebrar la Universidad un acontecimiento histórico tan importante. Permítanme esbozar brevemente mi personal respuesta. No se trata de la respuesta del historiador -que no lo soy-, sino la de del ciudadano que pertenece a la "Universitas"; pero, además, que desempeña en ella funciones de gran responsabilidad: una de tales funciones consiste en animar a la comunidad universitaria a contribuir -como dice nuestro Estatuto- "de un modo riguroso y crítico ... a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural, mediante la investigación, la docencia y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales".1

Justamente esto es lo que define a la Universidad y lo que determina su modo de hacer las cosas, su modo de celebrar los grandes acontecimientos.

A lo largo de treinta años, ALEXANDER VON HUMBOLDT va escribiendo y publicando sus acuciosas observaciones y reflexiones acerca de lo que ve, lee y oye en estas tierras nuestras. Libros "de andar y ver", atlas, tratados de geografía, etc., constituyen un corpus total de treinta volúmenes. Esta ingente tarea no la hace en solitario: la realiza con otros investigadores y viajeros, entre los que destaca su colega y amigo, el médico y naturalista francés Aimé Bonpland.

Merece también nuestra atención su obra titulada significativamente Cosmos, con la que trata de compartir con curiosos lectores y con otros científicos su entusiasmo y rigor intelectual y sus convicciones sobre la investigación científica. Y, tal como lo anuncia el título, en los cinco volúmenes que componen esta obra trata de recopilar y exponer todos los conocimientos que en su época había acerca de los fenómenos de la tierra y del cielo. Quiero decir: geográficos y astronómicos...

Esta Universidad quiere celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia con varios actos propios de su naturaleza y función. Uno de ellos es este simposio dedicado al sabio alemán que tan bien y tan hondamente conocía nuestras tierras y nuestros pueblos.

La naturaleza y función primera y principal de la Universidad es la búsqueda de la verdad; lo propio de la vida universitaria es la ardiente búsqueda de la verdad y su transmisión desinteresada a los jóvenes estudiantes y a todos aquellos que aprenden a razonar con rigor, para obrar con rectitud y para servir mejor a la sociedad.2 Por eso nuestra Universidad, como cualquier universidad católica, se distingue por su libre búsqueda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios.3 Una búsqueda que no está subordinada ni condicionada por intereses particulares de ningún género.4

Ahora bien, lo que celebramos ahora los latinoamericanos es un acontecimiento histórico. Y resulta que la búsqueda de la verdad en el campo de la Historia tiene sus peculiaridades, sus métodos y... también sus dificultades. La llamada por los filósofos tradicionales "certeza histórica" tiene en este caso un valor incalculable; pero -insisto- su búsqueda y hallazgo no son fáciles. La base de la certeza histórica son -como todos nosotros sabemos- los testimonios; es decir, documentos escritos relativos a los hechos históricos de que se trata; o también monumentos de diverso tipo, dejados a la posteridad por comunidades humanas. Dar con la autenticidad de tales testimonios y calibrar la credibilidad de los testigos: he ahí el gran desafío del historiador.

Por eso un experto en esta ciencia, el profesor francés Charles Samaran, pudo decir que "la historia es una ciencia difícil, condenada a conseguir -solo por caminos tortuosos- una verdad siempre relativa".5

Si el componente ético -la honradez acrisolada- es fundamental en cualquier área del saber, en cualquier campo de la investigación científica, particular relieve tiene en la investigación histórica.

La honradez y el coraje moral son cualidades esenciales e imprescindibles del historiador: sin ellas, no hay historiador que merezca tal titulo. El mismo Samaran, en una especie de decálogo en el que resume las cualidades exigidas al historiador, nos advierte: "La honradez implica el sentido critico: el historiador debe estar atento sin cesar a los riesgos que le amenazan, entre los cuales el más insidioso es el anacronismo. Debe, en particular, estar siempre a punto para "resistir a sus propios prejuicios, a los de sus lectores, y, en fin, a las ilusiones a las que los contemporáneos mismos se han consagrado" (Michelet).6

El fruto del esforzado trabajo de los historiadores no son solamente sus aportes a la construcción sistemática y armónica de la Historia -de las Historias- de los pueblos, sino sobre todo el enriquecimiento paulatino de los elementos de la cultura de esos pueblos, entendida como "todo aquello con lo que la persona humana afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social... mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano".7

La cultura se manifiesta y se transmite en monumentos de múltiple naturaleza, y se condensa en lugares comunes que los miembros de una comunidad acuñan como estereotipos densos de contenido y significación. Estos lugares comunes, o tópicos, adquieren carta de ciudadanía en las comunidades humanas. Pero es preciso saber discernir: hay lugares comunes cimentados en la verdad, y lugares comunes producidos por la fantasía o por ciertas reacciones viscerales ante determinados acontecimientos, o incluso productos de determinadas ideologías. El lugar común cimentado en la verdad se constituye en patrimonio cultural transmitido de generación en generación y enriquecido por el aporte de cada una de las generaciones que se suceden en una comunidad. El lugar común generado por la fantasía, o por reacciones viscerales, o por posicionamientos ideológicos, genera en los pueblos y en las comunidades un afincamiento en el error, cuando no en la mentira, y no hace ningún favor ni a la cultura ni a la identidad propia de esos pueblos y comunidades.

Quiero explicitar mi aprecio por la presencia de todos aquellos colegas que van a contribuir al éxito de este encuentro científico. En primer lugar, al Doctor Segundo Moreno Yánez, su organizador; al Doctor Jorge Moreno Egas, Director de nuestra Escuela de Historia en la Facultad de Ciencias Humanas, al Doctor Carlos Landázuri Camacho, Profesor de Historia en nuestra Universidad, y a la Doctora Christiana Borchart de Moreno, investigadora.

Agradezco también al Señor Director de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit, y Director de este Centro Cultural, el Lcdo. José Nevado de la Torre S.J., por habemos facilitado preciosos tesoros de arte que ustedes podrán contemplar en la exposición que se realiza paralelamente a este simposio. A la Lcda. Gaby Costa Ullauri, Coordinadora de este mismo Centro, responsable de la mencionada exposición, y al Grupo de Teatro de nuestra Universidad.

Pero merecen especial aprecio y gratitud de mi parte, los colegas especialistas que han tenido la generosidad de aceptar nuestra invitación y participarán en este simposio enriqueciéndolo con sus científicos aportes: la Dra. Ulrike Leitner, de la Comisión Alexander von Humboldt de la Academia de Ciencias de Berlín y Brandenburgo (Alemania), el Doctor José Ángel Rodríguez, de la Universidad Central de Venezuela; el Doctor Mauricio Nieto, de la Universidad de los Andes en Colombia, y el Doctor Teodoro Hampe, de la Pontificia Universidad Católica del Perú. A todos ellos mi agradecimiento, y el deseo de que pasen con nosotros una grata estadía.

Y a todos ustedes muchas gracias.

Quito, 17 de agosto del 2009

1 Estatuto de la PUCE, ART. 4, a). Y constitución apostólica Ex corde Ecclesiæ sobre las universidades católicas (1990), n.º 12.
2 Cfr. Ex corde Ecclesiæ, n.º 2, §1.3 Cfr. Ex corde Ecclesiæ, n.º 4.
4 Cfr. Ex corde Ecclesiæ, n.º 7, §2.
5 CHARLES SMARAN, en el Prefacio de L´Histoire et ses mèthodes, Paris, Gallimard, 1961, reimpresión 1973, p. vii ("Encyclopédie de la Pléiade").
6 Id., Ibíd., p. xiii.
7 CONCILIO VATICANO II, Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, n.º 53, §2.

ENSEÑANZAS EN EL BICENTENARIO

Las conmemoraciones cívicas son la ocasión para interpretar la historia como un modelo ejemplar. A través de ellas se buscan los paradigmas fundacionales que valoran la existencia de la nación ecuatoriana. Hace doscientos años Quito puso las semillas de la emancipación hispanoamericana y, el 2 de agosto de 1810, las irrigó con su sangre, gesta que le valió el nombre de "Luz de América". Al conocer estos trágicos sucesos Alexander von Humboldt sentenció: "ya han perecido en Quito, víctimas de su consagración a la Patria, los más virtuosos e ilustres ciudadanos".

En un afán de celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, institución académica definida como buscadora y transmisora de la verdad, entre otras actividades, organizó en el año 2009 una exposición en su Centro Cultural y un simposio internacional sobre "Humboldt y la Emancipación de Hispanoamérica". Los trabajos académicos que, entonces, se expusieron, se presentan ahora en un hermoso volumen, presidido por el retrato del científico prusiano, obra del insigne maestro Oswaldo Viteri. A lo largo de sus páginas, los autores intentan aclarar la postura del "Segundo Descubridor de América", Alexander von Humboldt, ante los movimientos de la independencia en México, Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador. En la Audiencia de Quito, como se conocía entonces al actual Ecuador, Humboldt estableció contacto con muchos personajes que, posteriormente, estuvieron involucrados en alguno de los bandos durante las luchas por la Independencia. Con algunos de ellos mantuvo contactos y de todos conservó lejanos recuerdos.

Su humanismo ilustrado inspiró a Humboldt que el progreso se alcanza más con reformas que con rupturas revolucionarias; y un moderado optimismo le llevó a decir: "vendrá el tiempo en que la humanidad será libre, pero todavía nosotros estamos lejos de ello". Quizás su mayor legado es la sentencia escrita en sus "Diarios" durante su permanencia en Guayaquil: "la idea de la colonia misma es una idea inmoral".

SMY.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO HUMBOLDT Y LA EMANCIPACIÓN HISPANOAMERICANA

Por Alfonso Reece Dousdebés

Séame permitido iniciar mi exposición al estilo escolar norteamericano y apelar al método del "show and tell", mostrar y narrar, que consiste en que el niño lleva a su escuela un objeto y tiene que explicar por qué lo ha traído. Pues bien, les he traído este grabado que representa al barón Wilhelm Heinrich Alexander von Humboldt, ya en su ancianidad. He recurrido a este artificio de oratoria infantil, en primer lugar, porque debo decir que en estos claustros que resuman sabiduría, en compañía de tan notables académicos, me siente en realidad un párvulo, que viene a balbucir su discursito candoroso. Espero que Segundo Moreno Yánez este catedrático de fuste, nombre de referencia en la antropología y la historia ecuatorianas, espero que haya aquilatado la desmesura del honor que me hace al ponerme a hablar ante un auditorio competente que no me perdonará errores y muchos menos dislates a los que pueden conducirme mi poca información.

La segunda razón que tengo para traerles esta lámina, es para contarles que la he visto casi todas las mañanas desde hace 32 años, cuando me levanto y me dirijo a desayunar, pues cuelga en uno de los corredores de mi casa cerca de un siglo. A pesar de esa cotidiana presencia, no puedo decir que el barón Humboldt sea un viejo conocido. En realidad, para mí, como para la inmensa, para la abrumadora mayoría, de los ecuatorianos es un viejo desconocido, desgraciadamente.

En la escuela no me hablaron de este alemán excepcional. En el colegio muy poco. El concepto que tengo de él se ha formado con datos fragmentarios. Vagamente recuerdo un diminuto busto que había en el parque de El Ejido. Hace unos años fue robado y no sé si lo han repuesto. Humboldt es para muchos nada más que una corriente, fría para colmo, o una calle, o, para los más viejos un hotel desaparecido. Hemos sido ingratos con uno de los mayores talentos de la humanidad, para él cual Quito, el Ecuador de hoy, fue de excepcional importancia.

Se diría que la corriente de Humboldt fluye hacia el olvido. Pero aparecen en este olvidadizo país dos académicos de alto nivel, dispuestos a navegar a contracorriente, para salvar al ínclito barón prusiano de la amnesia histórica que nubla nuestra memoria colectiva. Hablo de Christiana Borchart y de su esposo Segundo Moreno Yánez. Del libro que hoy presentamos, Humboldt y la emancipación de Hispanoamérica, ellos son la madre, el padre y la sustancia misma, puesto que Segundo es el compilador, editor y comentador, mientras que Christiana escribe el estudio más largo de los incluidos, prácticamente ocupa la mitad del volumen y es el que resulta más interesante para nosotros, puesto que trata de las relaciones del sabio con connotados habitantes de este país.

No es éste de ninguna manera el primer trabajo que esta erudita pareja dedica al que ha sido llamado "el segundo descubridor de América". Entre otros estudios, algunos publicados otros no, consta éste… Perdónenme que vuelva al sistema del show and tell … se encuentra este, bellamente editado: los diarios que el científico escribió mientras 3 viajaba por la Audiencia de Quito. La traducción es de Christiana y la edición de Segundo Moreno. Pero, ¡horror!, el grueso del tiraje de obra clave, reposa ignorado en las bodegas de alguna entidad estatal, encierro al cual lo han condenado uno de los inverosímiles, pero frecuentes, avatares políticos que azotan estas tierras.

El libro que hoy nos reúne es resultado de un lujoso simposio organizado en agosto de 2009 por esta Pontificia Universidad, bajo la dirección del doctor Moreno. Las ponencias de ese encuentro se recogen en este tomo tan profesionalmente editado por el Centro de Publicaciones de esta universidad. Desde el punto de vista de la ciencia histórica, ese fue el evento más sustantivo de conmemoración del bicentenario del Primer Grito de Independencia.

El conclave, que reunió a eruditos americanistas, especializados en los estudios de Humboldt, trataba de responder esta interrogante: cuál fue la contribución del pensador y científico al proceso de independencia de los países hispanoamericanos. Resulta curioso, pero en su tiempo, ya había quienes tenían la seguridad de que el viajero germano y su compañero el francés Aimé Bompland eran agitadores e incluso agentes enemigos de España. El gobierno portugués advierte que se los aprese apenas penetren en territorio brasileño. Por su parte, el realista Pedro Pérez Muñoz considera que la independencia, que se proclamaría el 10 de agosto, virtualmente fue planeada por tres extranjeros: Humboldt, el obispo caleño Cuero y Caicedo y el presidente flamenco barón Luis Héctor de Carondelet, quienes se reunían con frecuencia, según Pérez Muñoz. Sin embargo, para algunos de los autores de los ensayos contenidos en el libro la influencia 4 ejercida por el sabio europeo sobre sus contemporáneos patriotas hispanoamericanos fue escasa o, en todo caso, muy matizada.

Hay que tomar en cuenta que la América que visitó nuestro personaje, no era un territorio intocado por las ideas revolucionarias que venían de los recién independizados Estados Unidos de América y de la Francia revolucionaria. Humboldt llegó a una tierra ya inquieta, ansiosa de compartir tanto los nuevos conocimientos científicos como los renovadores conceptos políticos, es decir las luces más brillantes de la Ilustración, de la Aufklärung. Más bien, resultaría poco verosímil que el barón prusiano no haya comentado esas ideas que ya profesaban algunos americanos con los que se encontró. Verdad es que la documentación de tales conversaciones es escasa y meramente referencial. Pero es obvio que no iban a dejar evidencia de tales diálogos, puesto que se trataba de opiniones proscritas.

En el ensayo con el que Segundo Moreno abre este libro señala importantes puntos que sugieren que esa comunicación se dio, o debió darse. El texto Condena fundamental del sistema colonial, escrito por Humboldt en Guayaquil en los primeros meses del año 1803, no escatima críticas al colonialismo, al que califica de inmoral sin atenuantes. Esas páginas asombran por su radicalidad, como cuando dice que "… Disputarse qué nación trata con más humanidad a los negros es burlarse de la palabra humanidad…" En esa misma pieza sugiere indirectamente como solución al problema colonial la creación de repúblicas autónomas, federadas con la metrópoli, que coincide bastante con lo que el ilustrado conde de Aranda, ministro del rey Carlos III de España, propuso en su momento.

Volviendo al asunto de lo leve que habría sido el influjo de Humboldt en los precursores y próceres hispanoamericanos, en el estudio de Ulrike Leitner sobre las relaciones del científico con el proceso de emancipación de México, se sostiene que "no podemos probar ningún influjo de Humboldt en la ideas políticas o revolucionarias de sus amigos mejicanos" y piensa la autora que es pura leyenda su ascendiente sobre Simón Bolívar. No cierra la posibilidad de que en efecto el alemán y sus pares americanos hayan intercambiado ideas, más tomando en cuenta el pensamiento republicano del sabio, pero atribuye a la literatura, a la literatura, la descripción del barón como un pionero de la revolución de Independencia.

Por su parte José Ángel Rodríguez en su ponencia sobre Humboldt y la independencia de Venezuela, dice que toda la información que se tiene sobre el tema son dos cartas y una referencia oral. El estudioso encuentra mucho más interesantes otros aportes del alemán sobre su país. Sostiene que no hay pruebas de una gran amistad con Bolívar, pero sobre todo critica a los literatos, otra vez contra los literatos, por haber creado leyendas en torno a la relación entre el Libertador y el científico, como aquella que narra que el alemán estaba presente en el momento del juramento del Monte Sacro, en el que el venezolano promete dedicar su vida a la libertad de su patria. Y concluye Rodríguez diciendo que el momento de la Independencia tomó por sorpresa al sabio prusiano. Más concluyente en este sentido es Teodoro Hampe que dice llanamente que "la influencia personal de Humboldt sobre el proceso de la Independencia del Perú fue virtualmente nula". No critico la posición de estos historiadores, es lo 6 profesional en la historiografía, como en toda ciencia, el remitirse a las evidencias, a los documentos, a las fuentes. Esto a pesar de que estos días ha aparecido la novedosísima teoría de que se puede cambiar las fuentes mismas mediante la recolección de determinado número de firmas.

Créanme, me siento incomodo pensando que en los largos trayectos que compartió Humboldt con Carlos Montúfar, el héroe ecuatoriano, me siento incómodo si pienso que nunca tocaron el tema de la emancipación americana, y me niego a creer que el barón no haya impulsado al talentoso criollo a seguir esas ideas. Que no haya documentos no quiere decir que esto no haya ocurrido. Pregunto: ¿queda entonces para los novelistas la recreación de las conversaciones entre Humboldt y sus amigos americanos? La novela histórica es un híbrido, una mula o burdégano literario, mal visto los por historiadores, que la consideran una falsificación, una moneda de juguete, y mal visto por los literatos que piensan que recurre a la historia por falta de capacidad para idear argumentos puramente imaginarios. Condena eterna sobre estos atrevidos.

Pero si, a pesar de ese veredicto fatal sobre la novela histórica, algún despistado literato piensa cometer una obra de esa clase, no puedo menos que recomendarle la lectura atenta del exhaustivo y minucioso trabajo de Christiana Borchart de Moreno publicado en este libro, que se titula El círculo quiteño de Humboldt y Bompland: origen, actividades y destino a partir de 1802. Es un estudio detallado y abundante sobre una asombrosa cantidad de hombres y mujeres que tuvieron contacto con los dos viajeros. Se habla de su carácter, su formación, sus propiedades, sus familias, sus hechos, sus costumbres, sus bienes. Algunos de estos personajes tan interesantes que por sí solos dan material para una novela… No, no les demos malas ideas. Bueno, en todo caso, a la autora no le debe haber pasado inadvertido el hecho de que al ir compilando este asombroso mosaico humano y social, estaba trazando un enorme fresco, un vasto mural, que retrata la sociedad quiteña a principios del siglo XIX, vísperas de iniciarse el proceso de Independencia. Christiana Borchart, a quien conozco desde hace pocos años, pero cuyas obras he leído y revisado hace mucho, es una digna continuadora de esa saga de alemanes que desde Humboldt, pasando por Reiss, Stübel, Max Hule y tantos otros, se han interesado por las ecuatorianidades, por las cosas de esta tierra, con un tesón y un amor que muy pocos de nuestros compatriotas han tenido.

No terminaré sin subrayar la absoluta actualidad del pensamiento de Humboldt. Ojalá se lo leyera con más frecuencia en la desorientada Latinoamérica de nuestro días. Partidario de las transformaciones pacíficas, creía que la violencia sólo conducía a más violencia. Estuvo definitivamente a favor del libre comercio, del libre flujo de las personas, del progreso entendido como la aplicación de la razón a la actividad humana. Y, claro, considera a los Estados Unidos como modelo a seguir. No en balde fue recibido por el padre fundador Thomas Jefferson con quien se carteaba. Todo esto dentro del mayor realismo, sin utopismo, sin aceleramiento, sin prisa. "El tiempo es el más grande de todos los innovadores" dice, al tiempo que advierte con filosófica profundidad "los hombres llevan en todas partes la impronta de la imperfección de las instituciones sociales". Mírese por donde se lo mire, Humboldt fue con todas las letras, liberal.

Podemos decir que si Cosmos es una de obra de Humboldt, la obra de Humboldt es un cosmos. Enorme hasta la infinitud, ha merecido el esfuerzo de decenas de biógrafos, estudiosos, historiadores… y todavía queda mucho por analizar, por revelar, por reflexionar. No es posible que "el público en general" acceda a ese vasto corpus, por eso se agradece que se editen libros como este y que se realicen eventos como el simposio que le dio origen. Pero, tampoco las iniciativas de este tipo pueden ser masivas, aunque siempre nos gustaría que sean muy concurridas, pero sirven para hacer ver a más personas la estela luminosa del gran sabio alemán, cuya contribución a la formación de nuestro país ciertamente no es literatura.

La inmensidad de la obra de Humboldt, tanto filosófica, como científica, la diversidad de disciplinas que abordó con hondura, haría necesaria la creación de la materia de "estudios humboldtianos" o de "humboldtlogia". Hablo, ya se entiende, en un sentido teórico, no pidiendo la creación de una cátedra con tal nombre… aunque quién sabe, ¿no? En estos tiempos, con cualquier pretexto se crean cátedras de fulanismo o de sutanismo. No se trata de multiplicar innecesariamente las asignaturas, sino de incorporar transversalmente en la educación ordinaria los valores y aportes de alguien que contribuyó al mejoramiento de la humanidad. De esa forma, ahí sí masivamente, podremos sembrar el amor a la libertad, la opción por la paz, el respeto por otras culturas, los hábitos de pensamiento racional, el criterio científico, la veneración por la naturaleza que caracterizaron a este gigante de la teoría y de la acción.

Y más que eso, habría que inventar algún método pedagógico o psicológico para insuflar no sólo en los jóvenes sino en toda la humanidad, la asombrosa capacidad de asombrarse que caracterizó al personaje. No hay faceta de la realidad que no le haya llamado la atención: los animales y el arte; las plantas y la arquitectura; la sociedad y las piedras; las estrellas, los volcanes, las minas, los ríos, las ruinas, los mares,… los hombres,… las mujeres… Esa capacidad parece perdida en el mundo actual. Es triste y es grave, porque es una de las notas constitutivas de la naturaleza humana, la cifra del conocimiento, de la ciencia y del progreso.

Hace veintiocho años yo era editor internacional de cierta estación televisiva. Hoy parece increíble pero no había problema para emitir en un noticiero notas un poco largas sobre temas culturales. Así puse al aire un reportaje sobre la concesión del premio Goethe al historiador Golo Mann, el primer caso en que recibía este honor alguien que era hijo de otro galardonado, pues antes lo había obtenido el novelista Thomas Mann. Al agradecer la distinción Golo Mann terminó preguntándose qué estaría haciendo Goethe si viviera en esos momentos. Y se respondía que, sin duda, estaría junto a los voluntarios de la organización ecologista Greenpeace, que enfrentaban en esos días a los balleneros rusos y a los comandos franceses que vigilaban el atolón de Mururoa, donde se llevaban a cabo detonaciones nucleares.

Haberme solicitado un intelectual de la talla de Segundo Moreno Yánez, presentar un libro en el que junto con su esposa Christiana Borchart, encabezan una grupo de selectos académicos, ha sido para mí un desmedido honor, casi un premio. Entonces imito a Golo Mann 10 para preguntarme ¿qué estaría haciendo Wilhelm Heinrich Alexander von Humboldt si viviese en estos momentos? Pues haría, creo, cosas muy parecidas a las que hizo hace doscientos diez años. Sería un voluntario alemán, probablemente no ya un rico heredero, sino miembro de una ONG, que estaría recorriendo las Américas haciendo investigaciones, sembrando ideas de libertad y predicando el respeto a la naturaleza. No se lo aceptaría en algunos países y en otros tendría que callarse para no ser deportado. ¡Necesitamos personajes así!, porque, desgraciadamente, a pesar del sacrificio de muchos de sus amigos próceres hispanoamericanos, en este subcontinente todavía está vigente la frase al mismo tiempo escéptica y esperanzada de Humboldt: "Vendrá el tiempo en que la humanidad será libre, pero nosotros todavía estamos lejos de ello".

Primeras páginas y artículo final

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Freddy Coello