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Exposición

Inauguración: martes 27 de noviembre 2012
19h00
Sala A de exposiciones temporales, primer piso

Eudoxia Estrella: Cerca del agua de una mujer irrepetible

Cuando hablamos de Acuarela pensamos en colores diluidos en agua. Y, aunque la historia del arte nos retrotrae hasta China aproximadamente unos 100 años antes de Cristo, nosotros no podemos dejar de pensar en los árabes y, el uso durante la Edad Media en los escriptorium de los monjes españoles, que, con paciencia, prudencia y tiempo, pintaban letras capitales de excepcional belleza e iconografías, con esta técnica. Estas acuarelas remitían a un mundo de fe y credulidad cuando la Razón era Dios y las "luces" humanas eran divinas.

El progreso histórico de la Acuarela conlleva, pues, un paso de culturización estética y sustitución del "imaginario divino" por el "imaginario natural". Una mitificación, en la pintura, de lo que era antes en si mismo sagrado e inaprensible, que se convierte en una "divinidad de recambio", hasta que se constituye en una nueva percepción de control del medio natural y de la naturaleza humana, de los ojos que hay detrás y delante de la obra de arte, es decir, la mirada de quien la recrea y, quien encontrándosela, sabe disfrutarla.

Entre los artistas ecuatorianos han existido algunos artistas muy representativos de esta técnica: Aquí, destacamos a una artista, que tal vez había quedado en un segundo plano por su dedicación a la Gestión Cultural en el Museo de Arte Moderno de Cuenca durante treinta años, pero que merece todo el reconocimiento nuestro como artista del agua, en tres sentidos: con una temática dirigida al reconocimiento de la identidad, por tratarse de una mujer en un universo predominantemente masculino; y, finalmente, como exponente de algo que nunca ha palidecido por su carácter, a través de intuiciones tan desafiantes como la Bienal de pintura de Cuenca o el Paseo de las esculturas que nunca consiguió realizar.

Eudoxia Estrella, sabe jugar con el agua, que sublimada y evaporada, siempre en la vertical del imaginario colectivo indígena, se ha reconvertido en un signo de la vida que lo lleva al campo, a la india, a los antojos de la naturaleza, a la casualidad… Ambos, Eudoxia y el agua, se contemplan en silencio para poder escuchar sus ruidos, tranquilos de poder reproducir su movilidad, cercanos para sentir que se alientan y afectan. El paisaje de Eudoxia es una naturaleza saliendo continuamente de un mausoleo para fijarse en el detalle insignificante, una abstracción corporeizada que es capaz de convertirse en pencos, sombras, etc,…La propia identidad es inabarcable una vez que el sistema la despieza y el individuo la divide en múltiples espejos quebrados que en este caso definimos, cerca y gracias al agua.

Una mujer irrepetible que está en relación continuada con la capacidad de observación del entorno y que es amiga de sus amigas, solo tenemos que observarla cuando todos los días da de comer a las palomas cerca de su casa. Una relación sentimental de complicidades con la naturaleza que ésta, la devuelve multiplicada. Penetra en la apariencia de las cosas desde el interior de un sentido de la luz que fecunda la imagen de sus cartulinas. Convierte en extraordinario lo ordinario, la pluma es el agua y, sus manos, el volante de la casualidad en el espacio y el tiempo. Si a todo esto le añadimos su sentido de percepción estética, que, viene dada por el nivel de calidad de una mirada transparente y experimentada, descubrimos que el horizonte de la cartulina en esencia no está hecho para ser visto, sino mirado, o mejor dicho, contemplado y admirado, como la inserción del hombre y de la mujer en el mundo, lugar de combates con la vida a través de la naturaleza.

Dr. José Carlos Arias
HISTORIADOR DE ARTE

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Freddy Coello