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Exposición de Jean-Claude Wicky

Del 31 de mayo al 1 de julio de 2006
Lugar: Sala A de exposiciones temporales
Inauguración: Miércoles 31 de mayo, 19h00

Mineros de Bolivia
TODOS LOS DIAS, LA NOCHE

Colibrí, Caracoles, Huanuni: lugares desconocidos por la mayoría de los habitantes del país. Chorolque, Animas, Siete Suyos: emplazamientos situados sobre laderas inhóspitas de áridas montañas, donde el aire está enrarecido y el viento sopla casi sin respiro.
La vaga idea que Edmundo tiene de Bolivia se debe a los golpes de Estado que hace años sacudieron al país y, más recientemente, a la cocaína. Pero desde el inicio de su colonización, Bolivia se conoce por ser un país minero. Las fabulosas vetas de plata de Cerro Rico de Potosí, descubiertas en 1545 por el indio Diego Huallpa, crearon la leyenda de las minas bolivianas.

Del Lago Titicaca a la frontera argentina, el altiplano boliviano, particularmente rico en ventas de todo tipo*, tiene una extensión de casi 1.000 Km. De largo y 200 de ancho. Lejos de la costa oceánica, lejos de todo esta meseta de relieve atormentado tiene una altitud media de 4.000 metros. Está enmarcada por las majestuosas cumbres de la mitología india, la más alta de las cuales, el Sajama, culmina a 6.542 metros sobre el nivel del mar. El lugar parece que solo esté habitado por el viento y el frío; pero, en la salvaje desnudez de estos paisajes áridos, donde el tiempo finge pasar, vive la mitad de los habitantes del país.

Durante un viaje alrededor del mundo, me detuve en Potosí. En una visita a la mina de la Corporación Minera de Bolivia encontré a un único minero. Intrigado, al día siguiente subí a la montaña hasta un poco más arriba y entré en una mina perteneciente a una cooperativa. Salí de ella conmovido, diciéndome: "Un día haré un trabajo fotográfico sobre el mundo de los mineros bolivianos". Sin darme cuenta, había entrado en el país por su puerta más dolorosa.

No empecé este trabajo hasta diez años más tarde, en 1984. Desde entonces, he ido unas quince veces a Bolivia. Durante estas estancias de cuatro a ocho semanas, visité una treintena de minas. Las fotografías que pueden verse en este libro fueron tomadas entre 1984 y 2001.

Siglo XX, Catavi, Viloco: lejos de los centros urbanos, estos pueblos que se crearon alrededor de las minas, se llaman campamentos. En los campamentos todo es provisional, inhumano y artificial. Surgidos como consecuencia de la explotación de los minerales, seguirán existiendo mientras perdure la actividad minera.

No me di cuenta inmediatamente de la magnitud de la tarea. ¿Cómo fotografiar la humedad, el calor, la falta de oxígeno, el olor acre del mineral que impregna los cuerpos? ¿Cómo fotografiar la oscuridad de la mina, espesa, más impenetrable que la roca, que impide todo sentido de la orientación, del tiempo y de la distancia, la oscuridad que quema los ojos y hace que tu cuerpo desaparezca?

He intentado captar el trabajo de los mineros con precisión, poner de relieve la oscuridad y la soledad de este mundo terrible. He pasado un tiempo considerable en las entrañas de la tierra, he recorrido kilómetros en las tinieblas de las galerías que no se acaban nunca, donde uno se cruza a veces con luces inciertas o con vagonetas cargadas de mineral, que ve pasar pegado a la pared. De la bóveda cae una lluvia ácida – la copagira – que corroe la ropa. Tienes que escalar chimeneas con unas escaleras de cable o de madera poco seguras, trepar por unos pasadizos sin oxígeno, aventurarte por senderos vertiginosos; la mina no te permite ningún respiro y maltrata incluso a las cámaras con temperaturas inferiores a cero grados o que pueden alcanzar más de 45. Más de una vez me dije: "Aquí uno se siente muy cerca del infierno".

Durante largos meses he compartido la vida de los mineros bolivianos, sus alegrías, sus sufrimientos, sus esperanzas, su rebeldía y sus terribles aguardientes.

Ellos disponen de perforadoras, martillos, barrenos y dinamita; yo solo tenía dos cámaras fotográficas, objetos irrisorios en este laberinto dantesco donde reina el diablo.

Al realizar este trabajo, mi propósito no era fotografiar con unos lentes a través de los cuales todo es de color de rosa, ni hacer sensacionalismo miserabilista. He intentado contar la vida de estas gentes de la mina con respeto. Mi descripción no es completa. Para ello, habría que tener en cuenta el punto de vista del economista, del médico, del historiador, del sociólogo, del político.

Espero que los mineros se reconozcan en estas fotografías, de la misma manera que yo he intentado, a través de ellas, reconocerme en ellos.

Jean- Claude Wicky

*Estaño, plomo, plata, zinc, volframio, bismuto, antimonio, oro, etc.

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Freddy Coello