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Exposición retrospectiva de Oswaldo Viteri

Del 21 de marzo al 20 de mayo de 2006
Lugar: Centro Cultural
Inauguración: Martes 21 de marzo, 19h30

LA TRAYECTORIA DE OSWALDO VITERI

En menos de trece años, y en plena juventud (de 1955 a 1968), pasa Viteri de la pintura y del dibujo figurativos a la que él mismo llama "etapa de ensamblajes" (incorporación de objetos simbólicos, muñecas de trapo, arpilleras, etc., a sus obras). Y entre estos dos puntos de referencia, en escalones sucesivos, asciende desde el expresionismo tout court, hasta el expresionismo abstracto, pasando por el simbólico.

Esta es en breve escorzo la trayectoria fundamental de nuestro pintor. Podríamos preguntarnos qué ha pasado —por Viteri y en Viteri— entre 1968 y el día de hoy. No perdamos de vista que son ya treinta y ocho años …

¿Qué ha hecho en esta larga jornada nuestro pintor y dibujante? Mi respuesta y mi convencimiento van por aquí: ha seguido penetrando en su propia visión de la realidad. No digo en la idea de la realidad, sino en la visión de la realidad.

Y podemos entonces asistir asombrados, no a las cosas y personas que él nos ofrece en sus pinturas y dibujos, sino a la visión de las cosas, de las personas, de la vida, que los ojos de Viteri continúan contemplando cada día, cada momento. Y se van plasmando como variaciones nunca conclusas de un mismo tema, de una insistente cuestión a la que no hay cómo dar respuesta final y definitiva …

Retrospectiva, en este caso —en el caso de Viteri—, es espléndida galería de interpelaciones, de inquisitorias desasosegadas. Y, por ello, calurosamente cordiales, entrañablemente humanas.

No es la primera vez que nuestro artista nos visita. Llegó por primera vez a esta casa ya maduro, en 1997, con ocasión del 49.º Congreso Internacional de Americanistas. Volvió cuatro años más tarde, en el 2001, como participante en la exposición titulada "La huella del grabado", y en 2002 para la muestra "Mariano Aguilera, Memoria y Actualidad". Hace un par de años, en el 2004, vino de nuevo a la PUCE.

Una de las apreciaciones a mi juicio más certeras del arte de Viteri es la que nos ofrece el crítico español A. M. Campoy: "En estos dibujos de Oswaldo Viteri es posible asociar no pocos de los movimientos que últimamente han vitalizado al arte … Pero reconozco que la oscura noticia de Oswaldo Viteri es más personal, más humanizada y más lírica … Toda su obra se ordena en una disciplina de amor a las formas, entre las que deja vagar la enigmática y desorientadora brújula del poeta." (1969).
Quito, 3 de marzo del 2006

Manuel Corrales Pascual
Rector de la PUCE

RETROSPECTIVA

Esta exposición retrospectiva creo es el resumen de toda una muy larga trayectoria personal en el campo de las artes y otras disciplinas en las que me he manifestado, por una básica necesidad espiritual, intelectual, íntimamente relacionada con mi pueblo en franca confrontación con mi propia realidad.

He tenido la suerte de sentir una especie de vocación, desde la más temprana infancia, lo que ha contribuido a que no tenga mayores dudas en cuanto a mi destino. El hecho de que en la infancia me encontré sin saber cómo jugando con los lápices y por cierto con mis manos, lo cual quiere decir que en mi cabeza bullían inquietudes que hacían que con esos instrumentos empezara a manifestarme para sacar los balbuceos que todo niño tiene y que en ciertos casos como en el mío han permanecido tercamente durante 74 años.

Tuve un hogar en el que se me permitió y se me estimuló a realizar estos juegos de niños, pero indudablemente siempre me vi rodeado en mi infancia por un ambiente estimulante de arte y de cultura, ya sea en los libros sustitutos en ese entonces de los centros culturales, de los museos donde hoy día, por suerte, concurren los estudiantes de escuelas, colegios y universidades.

Hijo de un médico extraordinario, el Dr. César Viteri López, al que le tuve una verdadera veneración por sus grandes cualidades humanas, profesionales, políticas, me permití dar un paso importante en mi vida, que fue el de procurar ser yo mismo. En este afán he recorrido un largo camino, el mismo que ha tenido facetas muy diversas pero que siempre estuvieron marcadas por una necesidad fundamental que es la relación armónica de uno mismo con la realidad de mi pueblo.

Por esto mismo, mi camino hasta cierto punto ha tenido varias contradicciones, las mismas que muchas veces han sido motivación para desbrozar nuevos horizontes. He caído en abismos casi imposibles de superarlos, pero más ha podido mi voluntad y sobre todo mi necesidad de que con mis propios elementos pueda comunicar en imágenes, pensamientos, reflexiones, investigaciones, no solo mis tribulaciones y satisfacciones sino a través de ellas las de mi pueblo, considerando que uno no es más que uno de tantos quienes conformamos la sociedad que en nuestro caso el Ecuador es tan compleja.

Tuve la suerte en mi infancia, además, de descubrir junto a niños indios una realidad que hasta ese entonces no la había conocido, aquella que habla del viento, de la tórtola, del árbol, del maíz, de la tierra. Yo había sido un niño de ciudad, pero esta experiencia abrió definitivamente un horizonte que más tarde en mi edad adulta, se perfiló para descubrir un panorama sumergido en las borrosas realidades de mi país.

Estas palabras de introducción a esta vasta exposición solo pretenden clarificar la obra y la trayectoria de un artista que se ha debatido entre la luz y la sombra, entre el blanco y el negro, entre lo sacro y lo profano, solo con el ánimo de que el público que tenga la oportunidad de visitar esta muestra, tenga un instrumento mejor para hacer sus propias lecturas y de esta manera ser parte protagónica de esta aventura que nació hace 74 años y que hoy día todavía no desmaya en seguir buscando nuevos horizontes.

Por otro lado, me gustaría dejar constancia de lo que ha significado para mí la creación artística o el hecho físico de pintar o realizar cualquier obra de las que podemos ver en esta exposición. Para mí este hecho ha sido siempre un ritual, un acto de religiosidad tomada en el mejor sentido de la palabra, es decir un acto de fe, pero de esa fe que estuvieron animados por ejemplo los físicos cuánticos como fueron Einstein y Heinsenberg que nos hablan de la mística de la ciencia.

Respeto como el que más todas las nuevas proposiciones en las artes que se han venido dando desde hace cien años. Éstas se han movido entre las razones y las pasiones. Las ideas en ocasiones han tenido supremacía sobre las segundas, pero en el arte tenemos ejemplos de grandes pasiones. Por lo tanto, creo también que mis reflexiones contribuyan a clarificarnos a través de mis obras que solo son el producto de estas tribulaciones.

Los conceptos y las ideas son tan importantes como las emociones, ni las unas ni las otras pueden vivir solas. Sin embargo, reflexiono y pienso que una cosa es un árbol y otra cosa es la idea de un árbol. Una cosa es una piedra y otra cosa es la idea de una piedra. Una cosa es la idea del amor y otra cosa es el amor mismo.

Los artistas somos creo una raza necesitada de amor y solo por medio de éste podremos algún día entendernos mejor los seres humanos y quizá vislumbrar en futuro muy lejano, la paz. Esta utopía hace que unos pocos "seres humanos" hayamos escogido este camino, de tanto riesgo porque en él encontramos grandes abismos así como grandes cimas. Ni lo uno ni lo otro nos han seducido. Comprendemos que asumir esta posición de ritual sacro es una misión que está íntimamente vinculada con las fibras más íntimas de nuestro ser. Padecemos pero también gozamos y en esta parábola de vida, solo tratamos en la medida de lo posible ser muy genuinos para no traicionarnos a nosotros mismos y en consecuencia no traicionar a los más altos intereses de nuestro pueblo.

Yo me he movido, por otro lado, entre el Sol y la Cruz. La trascendencia que estos dos símbolos tienen en nuestra cultura es de fundamental importancia. Por un lado, el Sol que ha sido símbolo de culto de todas las culturas más antiguas del mundo y por otro lado la Cruz que desde hace dos mil años caló profundamente en el espíritu de los pueblos. El Sol y la Cruz, la Cruz y el Sol, han sido, no solamente, elementos superiores de mis búsquedas y tribulaciones sino que también han salido eventualmente a la superficie de mi obra, a la misma que hay que leerla con detenimiento, sin la prisa de la seducción primera, sino con la mente y el corazón abiertos.

Oswaldo Viteri
Quito, 24 de enero del 2006

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Freddy Coello