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Exposición de Giti Neuman

Del 21 de febrero al 19 de abril de 2008
Lugar: Galería principal, galería de cristal, salas de exposición temporal de ciencias, del primero, segundo y tercer piso.
Inauguración: Jueves 21 de febrero, 19h00

El 21 de febrero el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica inaugura la muestra antológica de la artista visual de origen checo y nacionalidad ecuatoriana, Giti Neuman.

Curada por Gaby Costa, Coordinadora del Centro Cultural, la muestra presenta un amplio recorrido por la trayectoria de la artista a través de la reconstrucción de emblemáticas instalaciones, piezas restauradas, pinturas, esculturas, aguadas, grabados y obras en técnica mixta. También se presenta el prolífico trabajo que Giti viene ejecutando a partir de la década del 80 en papel hecho a mano de fibras naturales, y que ha resultado en piezas de diferentes formatos. La muestra incluye sus últimas exploraciones en fotografía digital manipulada, y se presentará un video donde la artista explica el sentido general de su obra y los procesos artístico-conceptuales abordados en diferentes series.

Un libro ilustrado a todo color realizado con el generoso aporte de Global Transport, Hotel Sheraton, Fabricables y Dormel se presentará el día de la inauguración. La publicación contiene un ensayo general sobre la obra y una iluminadora entrevista, ambos aportes del crítico de arte Rodrigo Villacís Molina. La historiadora del arte Inés Flores se concentra en la obra realizada con fibras naturales y técnicas artesanales orientales.

La obra de Giti Neuman (n. Praga, República Checa, 1941) en gran medida está marcada por su cercana experiencia con la violencia de la Segunda Guerra Mundial. Llegará con su familia a Quito en 1947 luego de que sus padres lograron escapar de campos de concentración nazi. Así, la memoria íntima relacionada con estas condiciones rebrotará en la instalación Muñeca Rota (1985) relacionada con su permanencia de muy niña en un orfanato. En esta línea, desde su primera serie titulada Cabezas a inicios de los 60 coloca a las condiciones sociales y psíquicas del ser humano como centro de su obra, interés que explorará en su contundente y extensa serie de pinturas Niveles de Conciencia (70s hasta inicios de los 80s). Como su título lo indica, Neuman se interesará por develar la relación del hombre con diferentes condicionantes, lo que determinará grandes temas dentro de la serie. El "Medioambiente", los "Conflictos" internos (erotismo, agresividad), la "Política", entendida por la artista como una serie de conductas que se repiten en el tiempo-espacio, y que en su obra llevarán títulos tales como Candidato, Líder o Agitador (1977). También investigará la necesidad que tiene el hombre de aferrarse a "Religiones y Supersticiones", y su relación con el "Poder" concebido y representado en términos amplios en pinturas como La Dependencia (1979), La Indoctrinación de los Niños (1978), Fuga (1977), referente a la emigración, o Lucifer y el teatro de las marionetas cansadas (1979). En estas pinturas la revelación de las condiciones humanas de tipo existencialista y de carácter universal toman un fuerte carácter alucinatorio. Múltiples niveles y capas de óleo diluido se entremezclan y forman indefinidas e infinitas transparencias. De estas "texturas visuales", como las denomina la artista, resultantes de una audaz mezcla en la técnica de azar y control, emergen figuras que el espectador deberá desentrañar, situando a ese mágico proceso de lectura como parte del acceso a niveles de conciencia más profundos.

La permanente exploración y admirable resolución técnica son características de su práctica artística. Las fascinantes texturas en óleo fueron el resultando de investigaciones llevadas a cabo previamente en aguadas. Para Neuman es fundamental tanto el "libre accionar de los materiales", como el empujarlos o manipularlos más allá de sus límites. El empleo de los materiales y técnicas por fuera de convenciones clásicas es una constante de su trabajo, y la búsqueda de "texturas tangibles o visuales" permanece a lo largo de su producción. En su temprana formación artística rescata justamente la visión de maestros que fomentaron la experimentación y liberación de los materiales, como Leonardo Tejada, Alberto Coloma Silva y sobre todo Lloyd Wulf. De manera similar, en los 80s reconoce el aporte pedagógico de la brasilera Lourdes Cedrán sobre el potencial de la fibra natural. Los referentes de Neuman para su trabajo tienen que ver con sus permanentes viajes y estadías en EEUU y Europa. Identifica en la obra del inglés William Turner y de los expresionistas europeos fuentes de inspiración, sobre todo la obra del grupo Der Blau Rieter, Van Gogh y del Grupo Cobra. A nivel local inscribe su obra dentro de la superación de indigenismo, y si bien se puede establecer afinidades, por ejemplo, con la obra neofigurativa de algunos artistas ecuatorianos de su generación, no participará de lleno en estas tendencias. En este sentido el crítico de arte Rodrigo Villacís Molina en el libro sostiene: "Ella no interviene, por tanto, en el "enfrentamiento generacional", producido entonces por la irrupción de los jóvenes con sus nuevas propuestas. Sigue su propio camino."

En la década del 80 rompe con el formato bidimensional de la pintura mientras seguía explorando temáticas humanistas. Una de sus propuestas más radicales fue La Jaula (1983), instalación interactiva y multisensorial que contenía dibujos, fotografías, cajas de luz, esculturas, poemas, música, y proponía al espectador un recorrido para enfrentar sus limitaciones como ser humano. Esta fue una de las primeras instalaciones producidas en el medio y presentada el Museo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. La instalación Muñeca Rota (1984) contenía ready mades cargados de contenido, y la instalación Y todos piden la paz (1986) abordaba la vida y la muerte. Giti durante esta década intervendrá en el espacio del espectador y desplazará el punto de vista contemplativo y central que se tendía a favorecer. Crea obras mixtas en pintura y escultura, con módulos recortados de diferentes formatos, que serán emplazadas de manera tridimensional en el espacio expositivo, proponiendo al espectador una experiencia diferente.

Al final de los 80 inicia su trabajo con fibras vegetales que se expande y profundiza durante los 90. Con este nuevo medio ampliará investigaciones que había realizado desde los 70 en aguadas, uno de los medios que más exquisitamente exploró en paisajes abstractos y micro ecosistemas de carácter surrealista que capturaron su permanente interés por las fuerzas naturales. La elaboración de papel le permitió ahondar en la búsqueda de texturas y modos de pigmentación. Una vez más se alejó de la idea tradicional del papel como soporte para integrarlo como contenido. "Poseída de un verdadero fervor investigativo, manejado talentosamente, Giti descubrió que la utilización del papel artesanal se coloca en pie de igualdad con la de los otros materiales del arte. Y el hacer del papel, ese proceso, que viene a ser la técnica, es tan importante para ella como el acto creativo", afirma en el libro la historiadora del arte Inés Flores. "Textura, durabilidad, resistencia y densidad, color y luminosidad, volumen" son algunas de las cualidades que Giti rescata en el uso de este material que utilizará para propuestas bidimensionales, relieves, esculturas, libros de artistas, entre otras. Como especialista en la transmutación de fibras naturales locales, Giti promueve una actitud de respeto hacia el medioambiente y promoción del reciclaje.

Durante estos últimos años el paso del tiempo, el desarraigo y la emigración, como parte de su historia familiar, ha regresado con fuerza. Para esto recurre principalmente a archivos fotográficos familiares utilizados para la serie Álbum Familiar (2004-2005). Manipulará las fotografías digitalmente para imprimirlas en lienzos o papeles naturales sensibilizados con emulsiones.

La retrospectiva ocupa todos los niveles del Centro Cultural y agrupa la obra en torno a varios ejes. En la sala principal de la planta baja se presentan piezas de gran formato pertenecientes a la serie Niveles de Conciencia, o relacionadas con la misma, que fueron realizadas durante los 70 y 80. Se destaca Lucifer y el teatro de las marionetas cansadas (1979), el díptico Sacrificio (1982) enviado a la I Bienal de la Habana, Cuba (1984). El mural Génesis (1984), SOS Especie en Peligro (1986) que recibió una mención en el Primera Bienal Iberoamericana "Ciudad de Miami", EEUU (1986), y Llegué Llegamos (1984) una instalación mixta de pinturas en módulos recortados y esculturas de figura humana a escala natural. También la reconstrucción de la paradigmática instalación La Jaula (1983).

En la planta baja de la Sala de Ciencias se han recopilado pinturas de flores de diferentes períodos, género recurrente en el trabajo de Giti. Este espacio también reúne amplia documentación impresa sobre su trayectoria. En el mezzanine de esta Sala se exponen aguadas y dibujos de plantas realizados durante los 60 y 70, y tempranos bocetos y estudios en papel.

El primer piso agrupa en la primera y segunda sala dibujos de la India y eróticos. La tercera sala presenta oleos sobre el tema "Religiones y supersticiones" pertenecientes a la serie Niveles de conciencia. En la cuarta sala sobresale pinturas de su primera serie Cabezas, realizada a inicios de los 60, donde se puede comprobar la fuerza expresiva de sus empastes y texturas en La loca, El vocero, Montubio, La soberbia y Moisés. La quinta sala reúne paisajes urbanos y de Quito, y una selección de sus pinturas abstractas. La sexta sala está dedicada a su interés por el medioambiente presentada en oleos y la instalación En el bosque (1984).

En el hall del segundo piso se presenta la pieza mixta de pinturas y móviles Libertad Aquí o Allá (1984), y una escultura, también móvil, en papel hecho a mano. Estas dos obras introducen por un lado el tema de la figura humana femenina, un leitmotiv en la trayectoria de Giti, y, por otro lado, su exploración en fibras naturales. Estas piezas como preámbulo al contenido de todo el tercer piso que presenta y contextualiza su prolífico trabajo de transmutación de fibras vegetales a propuestas artísticas. Troncos de banano, hojas de maíz, fibra de coco, palmeras, abacá, lirio de plátano, lengua de suegra, piña o ceibo, son sometidos a procesos basados en la fabricación oriental del papel. Con la adición de pigmentos puros se transforman en libros de artista de diferentes formatos, collage, papeles moldeados, papeles de mediano y gran formato donde se superponen texturas hacia búsquedas abstractas.

En el hall del tercer piso se presenta Muñeca Rota (1984) y pinturas relacionadas con esta instalación. Además un ensayo fotográfico sobre el desnudo masculino (1983). Las salas de este piso contienen primordialmente los últimos trabajos de la artista en fotografía digital manipulada e impresa en diferentes soportes. Se destaca Álbum Familiar sobre la familia de la artista y los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Dialoga con esta serie las instalaciones Y todos piden la paz (1984), y Guerra, Destrucción y Muerte (1986).

Esta muestra es posible por el gentil auspicio de Global Transport, Hotel Sheraton, Fabricables, Dormel, Automotores Continental, SJ Jersey Ecuatoriano, Asociación Cultural Humboldt, Ferrero Rocher y Quito Cultura.

APROXIMACIÓN A LA OBRA DE GITI NEUMAN

Rodrigo Villacís Molina

Giti Neuman es en el ámbito de las artes plásticas nacionales un caso fuera de lo común. No se alineó para nada en ninguna de las corrientes que por los años 50, cuando ella comienza a producir, se manifiestan entre nosotros, una vez superado el indigenismo y experimentado el abstracto: la neofiguración, el feísmo, el magisismo, que prendieron en los artistas que reclamaban en ese momento su espacio. Para ella no hay el "enfrentamiento generacional", que entonces se produce por la actitud de los jóvenes que irrumpían con sus nuevas propuestas, frente a lo que consideraban obsoleto o extranjerizante..

Si alguna influencia asume Giti en su despegue, una vez superada la evitable de sus profesores particulares y de los maestros de la Academia de la Asociación de Artistas Plásticos del Ecuador, es la de los expresionistas europeos -cuya obra conoce en sus primeros viajes al viejo mundo-, con su vigoroso tratamiento, en términos formales y cromáticos, de una temática universal. Pero en todo caso es una influencia que ella administra con talento, sin rendirse a sus cánones. De modo que en cierto momento desconcierta a la crítica, por la dificultad de encasillarla, debido a los inusuales conceptos que ella maneja. En este contexto hay que citar a la misma Giti cuando afirma que "de Lloyd Wulf aprendí que la creación no solo se queda en la epidermis. Con él comencé a pintar mis aguadas". Esto es importante en la medida en que, aplicando esa técnica , con el lenguaje abstracto y un gran despliegue de color, ella produjo un tramo de su obra de gran belleza.

Pero en sus búsquedas se encuentra también con el pop art y de alguna manera se vale de sus recursos y sus conceptos, "principalmente la estrecha relación del arte de hoy con su entorno y la vida urbana", según ella misma lo ha declarado.

Estudiando su trayectoria podemos detectar algunas "constantes", como ella las llama: la experimentación con diversas técnicas, no solo como un reto al dominio del oficio, sino también como una experiencia lúdica con los materiales, y como una búsqueda permanente de innovaciones. Por eso va del dibujo en blanco y negro al dibujo en color, del lápiz al carboncillo y a la tinta; ensaya la aguada, pasando de la acuarela pura a la acuarela mezclada con otros pigmentos que se disuelven también en el agua. Los efectos que consigue, entre los que se hallan lo que ella denomina sus "texturas visuales", son admirables. Ensaya con diversos soportes (papel o cartulina), que después dejan de serlo, para convertirse en el material mismo de la obra, como papel hecho a mano, previa la investigación de las fibras vegetales y el conocimiento en profundidad de esa técnica.

Paralelamente, Giti hace escultura: trabaja con la piedra, suelda el hierro, funde el bronce y el aluminio, practica el procedimiento de la cera perdida; también dedica un tiempo a la joyería, como escultura utilitaria en formato pequeño, e incursiona en la fotografía, con dobles y triples exposiciones en un mismo negativo; usa las técnicas digitales y experimenta con las antiguas emulsiones en la cámara obscura. Cuando usa la cámara fotográfica trabaja con un modelo masculino desnudo, lo que escuece a la pacatería de entonces, sin que a Giti le preocupara lo más mínimo, porque estaba sobre la ñoñez de un sector del público que vivía aún en el pasado.

Tampoco le son ajenos a Giti el grabado con planchas de cobre y de zinc, el fotograbado y la fotolitografía, la serigrafía y las técnicas mixtas de grabado en papel hecho a mano. Diríase que ella es obsesiva en su trabajo, cuyo motor es la curiosidad. Amén de que su sensibilidad se activa frente a los más diversos estímulos. Investiga, explora, ensaya, experimenta materiales y técnicas. "una cosa me lleva a otra", dice, y eso es ilimitado. Siempre hay un más allá, un horizonte inalcanzable, pero en cuya persecución consiste el gozo del creador.

Según ella, "cada artista se identifica o encuentra los materiales afines a su personalidad porque llenan sus necesidades específicas". Si esto es así, y si ella trabaja con todo lo que tiene a su alcance, tendríamos el caso de una artista múltiple, dotada generosamente por la naturaleza para "entenderse" con todos los materiales.

La crítica norteamericana Leslie Yudd Ahlander ya aludía a esta inquieta actitud de Giti a propósito de la exposición por sus 25 años de vida artística: "Lo más importante para un artista –afirma Ahlander- es su continuo evolucionar, técnicamente y como ser humano. Un artista que comienza a repetirse es un artista que ha dejado de crecer porque ha llegado al límite de sus recursos o porque habiendo llegado a cierto nivel de éxito tiene miedo de aventurarse más allá. Ninguna de las dos aseveraciones puede ser aplicada a Giti Neuman".

En cuanto a la temática de Giti, podría resumirse en dos grandes cauces o ejes: el ser humano y su hábitat; esto es, el medio ambiente, y el hombre y sus conflictos. De ahí parten otros asuntos, por ejemplo el erótico, que ella trata con delicadeza pero sin falsos pudores. El cuerpo humano para ella es un motivo que trata sin inhibiciones, y constituye un factor determinante en su obra, junto con la soledad y las tensiones que genera la vida en las personas, como se aprecia en el diálogo que propone entre G1 y G2 (Giti 1 y Giti 2) en la obra -dos grandes tondos con un desnudo femenino, sobre uno de ellos- de ese título (1984).

Claro que al comienzo, en su tiempo de estudiante y cuando iniciaba su vida profesional, pinta paisajes, flores, bodegones y rostros. Es como si estuviera tomando pista para su despegue hacia regiones elevadas donde habría de probar sus dotes, a los que ya se refería uno de sus primeros maestros, Alberto Coloma Silva, cuando, a la vista de sus trabajos académicos y valiéndose de la bola de cristal de su intuición le pronosticó un gran futuro.

En los años 60, ya con la preocupación de la condición humana, pinta una serie de cabezas, a las que sigue, entre los 70 y 80, la serie Niveles de conciencia. Viene después el medio ambiente como escenario de la actividad del hombre, y luego éste y sus conflictos. A lo cual siguen, conforme una lógica evidente, la política: una exploración de la conducta humana cuando se organizan los grupos en el contexto del Estado, y desde luego el Poder, y cómo afecta éste a las relaciones sociales, dejando al descubierto ciertas situaciones que suelen permanecer ocultas, bajo la apariencia de normalidad. Ya en este punto, la artista no podía ignorar el tema de las religiones y supersticiones, con el que cierra la serie y que parte de la dolorosa experiencia de la muerte de su padre y de la necesidad de hallar algo de qué asirse en ciertas circunstancias, más allá de las limitaciones humanas.

En los años 80, habiendo salido varias veces al exterior, Giti se relaciona con los "nuevos lenguajes" de la plástica, que desde luego ya venían practicándose en los Estados Unidos y Europa. Como era de esperarse, ella, los adopta para su propia obra, y expone una de las primeras instalaciones que se hacen en el Ecuador: La Jaula, que alude a las limitaciones de la persona humana. A esta obra se refiere, en su momento y con lucidez, Alejandro Carrión: "Lo importante es ir a la jaula -dice- entrar en ella y dejarse empapar por los recursos que la artista maneja, en un complot artero y a mansalva, para angustiarnos y desesperarnos. Ella usa una música agobiante para tomarnos la indiferencia y el escepticismo y echarlos lejos, dejándonos sin defensa alguna. La luz se mueve en un mismo sentido, sabiamente planeada, y la completa un conjunto de dibujos y fotografías, poemas y dos jaulas, una llena con la semejanza escultórica de un prisionero que se debate por escapar, y otra vacía, a la cual se invita a entrar al visitante: hay delante un espejo, para que se mire cara a cara con su angustia" .

A esta instalación, desconcertante para el público de ese momento, para el cual eran una extraña novedad estas expresiones, siguen Y todos piden la paz, sobre la locura de los conflictos bélicos. "Mi preocupación por defender la paz, abolir las armas, mi antimilitarismo -ha dicho Giti- tienen su origen en esa corta pero impresionante época de mi vida", refiriéndose a su infancia en la Checoslovaquia de la segunda Guerra Mundial, cuyo recuerdo, elaborado con la experiencia y con los años, reaparece como una dolorosa metáfora en La muñeca rota, que es una alegoría del inevitable desgaste que sufren nuestros anhelos e ilusiones frente a estas realidades.

La obra de Giti ha invadido ya, en esta etapa, el espacio del espectador; se ha salido del marco convencional, conjugando diversas técnicas para expresar una idea, un concepto. Lo cual es aplicable no solo a esta obra de Giti, conceptual por esencia, sino a casi todo lo que ha hecho a partir de lo que yo he llamado su "despegue"; porque, aparte de sus aguadas, ella ha dado prioridad a la idea sobre la estética en términos tradicionales.

Por eso, ella se cuestiona sobre las metas que persigue con sus imágenes, y sus implicaciones.

"Meta 1. Si la meta es generar una imagen decorativa, agradable a la vista, que sirva para crear un ambiente elegante donde los sentidos se sientan halagados; donde la armonía de colores y el balance de las formas produzcan el máximo de bienestar espiritual, ¿qué debo hacer para alcanzar esa meta?, ¿de qué herramientas debo servirme?, ¿qué criterios debo aplicar?

"Meta 2. Si la meta es crear una conciencia sobre el sentido de la vida, expresar a través de imágenes pensamientos relacionados con el accionar humano o con los sentimientos, o poner de manifiesto aquello que en la cotidianeidad nos pasa inadvertido: o tal vez la expresión de la sinrazón del tabú; o las extrañas formas de percepción que culturalmente hemos implantado en nuestro cerebro como verdades absolutas o incuestionables, ¿qué limitaciones se me imponen entonces?

"Meta 3. En el caso de la elaboración de imágenes que repercuten en el campo visual como estimulantes del nervio óptico, y que a su vez influyen en sensaciones físicas como el vértigo o imágenes que estudien relaciones de color y forma, inclusión o exclusión de elementos, ya sen cromáticos o constructivos, ¿cómo me ayudarán, entonces, la ciencia y la tecnología?"

Estas reflexiones tan personales, confirman el aserto anterior, porque sin duda, la primera no es la meta de Giti; solamente la pone como una alternativa que a juzgar por su obra, en conjunto, no le interesa mucho. Ella se revela, entonces como una mujer de pensamiento, que es el que guía su hacer. Inclusive se refiere a "una sustentación filosófica, que proporcione un contexto sólido a la actividad artística". Esta es una actitud muy rara en nuestro medio. "La imagen que va a ser creada -dice- debe ser objeto de estudio y análisis y no producto del azar". Y en sus términos, esa imagen no es la imitación de la forma externa de un objeto, sino la imitación de ciertos aspectos relevantes y privilegiados de ese objeto. "Esto confunde -añade- a ciertos espectadores que no están al tanto de la evolución del arte".

A fines de los 80 y a partir de los años 90, Giti comienza su investigación de las fibras vegetales y de sus áreas relacionadas, en función de la manufactura del papel. Ella dice que "no es solamente la incursión en una nueva técnica, sino una respuesta conceptual a la vida contemporánea, una manera de rebelarse contra la deshumanización, la masificación y la globalización; un retorno a la actividad humana que ha dado sustento y sentido a la vida y que observa un profundo respeto por el medio ambiente, usando los productos del mundo vegetal para generar una obra creativa, que comienza como una planta y que termina como una obra cuyo proceso ha sido controlado, paso a paso, para lograr textura, resistencia, color, belleza". Y atribuye este nuevo capítulo de su trayectoria a sus antiguas experiencias con las aguadas sobre papel comercial, cuyas posibilidades como soporte agotó, llevándolas hasta el extremo, para después dejarse fascinar por la elaboración de su propio papel, contextualizada en la historia y la ecología. La idea fue "comenzar desde la pulpa". La serie Rastros de Valdivia nos remite al milenario arte chino de la elaboración del papel y, al mismo tiempo, a la más antigua cultura cerámica conocida en este continente, 5.000 años de antigüedad.

De modo que el trabajo de Giti con las fibras naturales no maderables es, conceptualmente, una continuación de lo que ha venido haciendo con otros medios, porque no se aparta de los ejes a los que hemos aludido. "Es una respuesta a mis necesidades creativas de siempre", afirma. Por eso, una visión panorámica de su labor artística a lo largo del tiempo, nos permite apreciar su unidad, como si cada obra fuera "una pieza de un gran mosaico compuesto de infinidad de detalles, algo así como un rompecabezas" construido a lo largo del tiempo; siempre cambiante, según las diversas experiencias vitales de la artista, según sean sus días, según las emociones que éstos la deparen. Como dijera el poeta Porfirio Barba Jacob, "hay días en que somos..."

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www.gitineuman.com

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Freddy Coello